Gladiador
He sido parte del “mundillo” del football americano desde que me acuerdo... aunque empecé a jugar a los 8 años.
Recuerdo que de entrada mi madre puso muchas trabas cuando le platique que mi hermano y yo queríamos jugar football, ella no quería principalmente por el golpeo, pero después de una ardua labor de convencimiento y mano de puerco por parte de mi padre lo logramos y nos dejó inscribirnos.
Mi primer equipo fueron los Leopardos de la Prepa8 que en aquel momento pertenecían a una poderosa Liga Infantil Universitaria que se extendía a todo lo largo del DF y del Área Metropolitana. Mi primera posición oficial: QB y no precisamente porque tuviera unas habilidades físicas extraordinarias, sino porque me aprendía las jugadas rápidamente.
Recuerdo haber llegado a los primeros entrenamientos con el ánimo de probarle a los Coaches que podía jugar y ser algo más que un simple liniero (ja!), tal vez un ala cerrada o un ala defensiva.. pero me pusieron de QB y CB.
En el campo no fuimos tan buenos como yo lo esperaba aunque los esfuerzos nos alcanzaron para un tercer lugar en pre-infantil A
Pase tres años jugando para los Leopardos (mis únicos de QB), estos años a la postre me sirvieron para entender que la esencia del deporte es el compañerismo que debe de existir en un equipo y que todos son piezas esenciales para el funcionamiento de la maquinaria no importando de lo que juegues.
De ahí la vida me cambió un poco. Me fui (influenciado e invitado por mi Coach y amigo Miguel Martínez) a los Pony’s del EMP, donde me encontré con la sorpresa de que la Liga Universitaria no era tan fuerte, y que había muchas más Ligas, que había categorías con otros nombres y que en muchas de ellas, había gentes mucho más habilidosas que yo.
Fue ahí, en la Peewee de los Pony´s del EMP, que comenzó mi carrera de liniero ofensivo (ja!) y contrario a todo lo que yo esperaba, me tuve que alinear con los “lentos” y pelear por una posición para entrar al campo de juego. Mi segunda posición oficial: Guard Izquierdo... quién lo iba decir.
Los Pony’s éramos buen equipo aunque perdimos algunos juegos y no nos alcanzó para el campeonato.
En este punto, sucedió algo extraño, yo estaba a punto de entrar a la secundaria y mi hermano pequeño (que era un insecto de 5 años), tenía intenciones de jugar pero en los Pony´s no había baby!!, por lo que en aras de la convivencia familiar (que también es fundamental en este juego) nos tuvimos que mudar de equipo nuevamente para que los tres pudiéramos jugar. Ahí fue donde me enrole en las filas de los extintos Lobos de Plateros que estaban a un costado de la Prepa8 en lo que hoy es un Parque Público.
Para serles sincero, esa fue una de las temporadas más divertidas que he jugado, ya que a pesar de que los Lobos eran un equipo con muchas carencias económicas y de infraestructura, eran un equipo sumamente aguerrido, golpeador e incomodo para sus rivales.
Realmente no éramos tan buenos, pero si dábamos mucha batalla. Ese año probé jugar de LB y me salió bien, aunque no dejé de lado mi posición de Guard Izquierdo. Esa temporada fue la primera que jugué ambos lados del balón todo el tiempo y fue la primera temporada que jugué con el glorioso 53.
De nuevo y para no variar, la vida me llevó hacia otros caminos, mi pequeño hermano (que ya había jugado dos pre-infantiles) ya estaba en edad de jugar infantiles, por lo que en familia, decidimos regresamos a los Pony’s del EMP que ahora eran conocidos como los Centinelas de Guardias Presidenciales.
Aquel año del retorno al que sería el equipo de los amores de mis Padres, me tocaba jugar Midget y apoyado en la experiencia anterior, llegué a los entrenamientos con la firme conciencia de que iba a seguir en la línea de golpeo y así fue, volví a jugar de Guard Izquierdo con el 53 en un año que jamás se me va a olvidar porque fue la única ocasión en la que salí campeón.
Aunque sobran los detalles, solo les contaré que le ganamos la final a Perros Negros de Naucalpan (que nos habían ganado en temporada), en una final de alarido en doble tiempo extra.
De ahí vino la Jr. Bantam, que pasó sin pena ni gloria (campeonitis?), seguí con el 53 y de Guard Izquierdo.
El tiempo siguió avanzando y llegó el tiempo de entrar a la Prepa. El esquema cambió por completo, porque fue la primera vez que tuve que tomar una decisión dejando a un lado a mi familia que en ese punto ya no me podía acompañar a donde iba.
Después de mucho pensarlo, me brinque la Bantam (última categoría de infantiles) y con un año menos de la edad requerida, me enrolé en la Juvenil A de los Borregos Salvajes del ITESM CCM que empezaban su programa de football americano. Además de que en lo personal me atraía el término: “Jugar para tu escuela”.
Aquella Juvenil A del 91 fue muy “ilustrativa” porque el equipo era muy novato y la falta de experiencia nos llevó a marcadores adversos y golpizas tamaño Juvenil que en aquel entonces me resultaban un poco pesadas de llevar porque tenía un año menos que el resto de mis compañeros y mi estatura dejaba mucho que desear. A pesar de esto, luché como todos por mi posición y seguí jugando de Guard Ofensivo con el 53.
Mis juveniles A’s y AA’s pasaron todas con resultados similares, golpizas inmisericordes de parte de los rivales que se aprovechaban de nuestros equipos de chavitos “novatazos” que hacían sus mejores esfuerzos por presentar batalla en los campos de juego.
A pesar de todo y de las primeras lesiones que empezaban a sentirse por aquellos días, la experiencia “juvenil” fue gratificante porque me dio la oportunidad de conocer a mis compañeros y carnales que hoy emprenden conmigo la aventura que se llama Hienas Tocheras.
Llegó la Intermedia y con ella algunos centímetros más de estatura. Ese año tuve la oportunidad de ser pupilo del Coach Vallarí y de jugar por primera vez contra muchos de los equipos y jugadores contra los que me enfrentaría en muchas ocasiones posteriormente.
Mi primera Intermedia fue un fracaso en cuanto a la tabla de posiciones, aunque jugué (de nuevo) ofensa y defensa todo el tiempo. Seguía jugando en las trincheras y con el 53 aunque para esos momentos estaba probando suerte de Centro, Tackle Ofensivo y Tackle Defensivo con buenos resultados.
De nuevo mi vida dio un giro (ya han de estar hartos de giros y cambios, pero, quién no los ha tenido?), llegó el tiempo de la Universidad y con ella un abanico de posibilidades infinitas.
Me había matriculado en el ITESM CEM para la Universidad por lo que tomé como la mejor opción jugar en un equipo competitivo que me brindara cierta flexibilidad de movimiento y horarios para poder jugar y estudiar. Renuncié a mis amigos en el TEC CCM y regresé a los Centinelas.
Mi segunda Intermedia fue de grandes enseñanzas, fue mi primera temporada en un equipo de la ONEFA y tuve que luchar en demasía por una posición en un equipo con 18 linieros ofensivos (cosa la cual nunca me había sucedido) y pues la lucha se resumía a cada ejercicio en las prácticas.
De una u otra manera me las arreglé para jugar y a pesar de que no fui inamovible en la línea, jugué bastante y bien aunque tuve que cederle mi 53 a un veterano (que por cierto desertó), en una temporada donde la pelea por el título fue hasta la última jornada decidiéndose el campeonato para Águilas Blancas por diferencia de puntos a favor en una tabla de posiciones con cuádruple empate en primer lugar entre Águilas Blancas, Centinelas, TEC CEM y UDLA. Aquella temporada le ganamos a Borregos Monterrey en Monterrey.
En aquel año, la ONEFA decidió acortar la edad de la categoría Intermedia, por lo que todos los que estaban en su segundo año, tendrían que enrolarse en los equipos de Liga Mayor para la siguiente temporada. Esta noticia, aunada a que fuera de la cancha las cosas se ponían un poco difíciles, me llevaron a tomar una última decisión que marcaría el resto de mi vida.
Afortunadamente, en esos tiempos llegó a mis manos una oferta de Beca para jugar representando a la Universidad del Tepeyac. Después de analizar los pros y contras decidí inscribirme en la escuela y cambiar el Carmesí por el Rojo.
Acto seguido, me presenté en los entrenamientos de los Frailes de Liga Mayor y les debo confesar que me costó bastante trabajo adaptarme, porque no es lo mismo el golpeo contra jugadores que te llevan un año de edad, que golpear contra personas que te llevan seis o siete años, por lo que la pretemporada de la Mayor del 95 fue difícil, pero de mucho aprendizaje.
Porqué fue difícil?, porque como sucede en todos los equipos, está el clásico gañan manchadillo que cree que por ser más grande que tú y “veterano” es más picudo y te trae en salsa, aunque también del otro lado esta el guey que te acoge dentro de su ala y te enseña día a día. Gracias a los Dioses tuve la oportunidad de agradecerles a ambos.
Para mi fortuna, antes de que iniciara la temporada conmigo sentado en la banca, la ONEFA rectificó el reglamento y todos los que estábamos en la situación en la que me encontraba, íbamos a poder jugar la Intermedia que nos faltaba.
Dejé la Liga Mayor y me incorporé a los entrenamientos de pretemporada de la Intermedia de los Frailes. Así que al final, por una u otra pude jugar mi tercera Intermedia (también en ONEFA), aunque en esta ocasión en la División II. Quedamos en segundo lugar atrás de Osos Acatlán.
Fue así como concluí mis Intermedias portando de nuevo mi querido 53.
Ahora sí, después de haber tenido un año más de preparación y crecimiento físico, subí a la Mayor. El equipo no era de los más competitivos de la Nación, pero si era de los que en el papel, eran contendientes cada año a subir al BIG TEN.
En mi primer año, tuve que meterme en la cabeza que a pesar de estar en segundo equipo de Guard Izquierdo (y traer de nuevo el fabuloso 53), por primera vez en mi vida como jugador de football no iba a jugar en toda la temporada. Me dispuse entonces a conseguirme un buen lugar para ver el juego desde la banca, hasta que mi mentor que estaba de primer equipo en mi posición se distendió los ligamentos de la rodilla en la segunda jornada.
Gracias a aquella lesión y otras circunstancias, aquel día pisé (por fin) un campo de Liga Mayor aunque en lugar de jugar de Guard jugué de Tackle ese partido y eso fue lo que marcó la diferencia en mis últimos años de jugador de football.
Así pasó la primera temporada de Liga Mayor, con excelentes logros personales a pesar de que como equipo nos quedamos en el camino.
Pasaron la segunda y tercera temporadas sin sobresaltos y resultados pobres, a pesar de que seguía de titular indiscutible nuestro equipo no lograba el éxito que todos esperábamos.
Un esguince de segundo grado en el cuello me marginó un año de las canchas al inicio de la cuarta temporada por lo que tuve la oportunidad de jugar una temporada más.
Al regresar del año de descanso, mi cuarto año de la Liga Mayor también fue para olvidar, había problemas con los entrenadores y pues al final del día todo se reflejaba en el campo, perdimos bastantes juegos ese año.
Por último llegó el quinto año, muchos de los que han jugado este deporte saben que el último año de la Liga Mayor es el más especial de todos ya que la tradición dice que al finalizar tu elegibilidad te quitan tu jersey ya no hay más.
En fin, ese año fue mi mejor año como jugador. Ese es el año en el que juegas lesionado, en el que todo mundo te dice que ya estas viejo y que ya dejes pasar a los nuevos, es el año en el que todo el mundo te respeta no solo por tu desempeño en el campo, sino también por tu jerarquía y experiencia y es también el año que más disfrutas a pesar de la nostalgia.
Ese año éramos otro equipo, el mismo talento con diferente actitud, perdimos la final de ascenso al BIG TEN en un partido peleadísimo contra Lobos de Coahuila donde los errores nos costaron caros.
Ese día me quité mi jersey y no me lo he vuelto a poner.
